Ignacio Burgos: A las puertas del Kremlin

La escena artística y los amantes y coleccionistas de arte de Moscú tendrán la ocasión de vivir una nueva experiencia creativa tras la conclusión de las principales bienales, ferias, muestras y exposiciones de arte. La fulgurante estrella española Ignacio Burgos se encuentra, como quien dice, “a las puertas” de Moscú, el Kremlin y el emergente mercado del arte que los rodea. Con su primera exposición en Rusia, este pujante artista está listo para atraer y capturar la atención de los connaisseurs y de la comunidad artística de Rusia, un país que, hasta la fecha, le ha sido esquivo en su peripatética trayectoria. Él ha vivido, trabajado y expuesto en numerosos países de Europa, así como en Estados Unidos, China y los países árabes. Le falta Rusia, por lo que la exposición de Moscú constituirá una oportunidad única para contemplar, evaluar y admirar las interesantísimas obras de este fascinante talento artístico. En muchos sentidos, las obras de Ignacio, o Nacho , como lo conocen sus amigos, lo muestran como un auténtico pintor humanista en esta época de globalización, con todas sus oportunidades e inconvenientes.

Sus obras son vivaces y atractivas, y reflejan –a menudo en primer plano– momentos especiales del ser humano y social, de la vida, el trabajo, las relaciones, el amor y el entretenimiento, así como también retratos. En general, el artista se expresa a través de sus pinturas, pero también se ha aventurado en la creación de esculturas. Sus trabajos emanan virtuosismo, en ocasiones una inventiva desaforada, pero están siempre guiados por la disciplina y la forma. En todas y cada una de sus obras, hace gala de un hábil uso de los colores y demuestra su pleno dominio de los grandes lienzos. Su especial manejo de la luz dota a sus trabajos de un sentimiento, una expresión y una profundidad singulares. A menudo, sus obras no sólo son vivaces y vívidas, sino que van más allá, invitando al observador a penetrar en el universo de Nacho e interaccionar y establecer un diálogo con sus percepciones y 18 sus mensajes manifiestos y ocultos, con su narrativa social. Sus trabajos absorben y expresan todas las experiencias, por no decir la diversidad cultural que lo rodea.

Sin duda, su personalidad e identidad artísticas no se ocultan tras el anonimato o la estricta individualidad. Más bien al contrario: se trata de uno de los pintores más extrovertidos que uno pueda encontrar hoy en día. Habita y trabaja en plena vida, con sus momentos alegres, su felicidad, su tristeza y su nostalgia. Nacho es un astuto observador de la naturaleza y la conducta humanas y, por ese motivo, es ese humanista que yo veo en él. Con frecuencia, su arte representa acontecimientos sociales o culturales.

Estoy convencido de que la exposición de Nacho en Moscú será un descubrimiento para muchos visitantes y, para Nacho, una oportunidad para reflexionar sobre la repercusión de su obra en un nuevo entorno y una nueva cultura. Y estoy seguro de que también él se sentirá conmovido e influenciado por las numerosas impresiones que se llevará de Moscú, de suerte que sus obras futuras también se verán influidas por esta nueva experiencia. Tras seguir la trayectoria y la evolución artística de Nacho desde finales de la década de 1990 en Nueva York, no me cabe ninguna duda de que ahora ha alcanzado unas cotas de excelencia y madurez artísticas que, dentro de muchos años, es posible que se vean como una etapa concreta y definida de su andadura artística.

París, octubre de 2011
Dr. Hans d’Orville
Director General Adjunto de Planificación Estratégica UNESCO

La duración

“el cielo está en obras, nadie nos va a salvar...
¿Es que no lo crees? ¿Es que no lo ves?
Sólo nos queda algo que no dura tres minutos,
dura la eternidad”
Christina Rosenvinge. La distancia Adecuada.

La lección que nos enseña la pintura siempre es olvidada. “Elige sólo un maestro”, instruía Rembrandt, “la Naturaleza”. Y en sus insistentes autorretratos buscaba atraparse incluso a sí mismo como parte de una Naturaleza real que muta sin remedio. Los dibujos de Rembrandt del lecho de muerte de su esposa son imágenes ‘intemporales’, más no únicamente en el sentido tópico de valiosas, sino aludiendo al gesto en el cual se busca y crea una fractura temporal. “El tiempo también pinta”, afirmaba Goya. Y de ese modo el genio logró crear figuras que flotaban, por primera vez, en un espacio arrogante y español de oscuridad sin tiempo, como el Cristo crucificado de 1780. “Antes de la pintura”, escribe Orhan Pamuk, “sólo existía la oscuridad y después de la pintura sólo existirá la oscuridad. Recordar es saber lo que se ha visto. Ver es saber sin recordar”.

Tiempo. Resulta curioso que en un mundo acelerado de velocidades digitales, ceros y unos salvajes, e incapacidad casi patológica para la pausa, la pintura, con su supuesto estatismo, sea el arte que, de un modo más preciso y minucioso, nos habla del tiempo. ¿Acaso ni siquiera el instante que atrapa la fotografía sea tan preciso? Los pintores que aman la pintura, los verdaderos artistas son, quizá, aquellos que se hacen conscientes de que los colores y las formas son, precisamente, tiempo.

En el arte la teoría no ha de anticiparse a las obras, nunca sucede así. La pintura, como la fotografía o la acción –incluso la no acciónva antes -tiempo primero- y sólo tras ella se sucede la intuición de un saber -tiempo segundo-. Lo verdaderamente artístico es, 23 por tanto, temporalmente superior e intuitivo. Y es por eso que la intuición de algo más se encuentra siempre en las obras pictóricas como es el caso de Ignacio Burgos.

Ignacio Burgos (Madrid, 1968) se licencia en pintura en su ciudad natal (Facultad de Bellas Artes, U.C.M., 1986-1991), cursando ampliación de estudios en la Hdk (Hochschule der Künste) de Berlín (1991-1993) con Klaus Fussman. Desde aquí, empieza a realizar sus primeras exposiciones en Alemania. En 1996 se traslada a Nueva York y exhibe su obra en diferentes ciudades de EE.UU., cursando una beca del Ministerio de Cultura Francés en la “Cité Internationale des Arts” y, posteriormente, regresa a Madrid donde se realiza su libro retrospectivo The Book y continúa exponiendo en galerías de todo el mundo (Casablanca, Nueva York, El Cairo,...). Su obra forma parte de Caja de Granada Obra Social, Cité Internationale des Arts (Ministère de la Culture et de la Communication), Brooklyn Museum de Nueva York, Fundación “La Caixa” de Barcelona, etc.

En su trayectoria pictórica, Burgos ha ocupado diferentes estudios en ciudades de todo el mundo que, como explica Manuel Romero, “han coincidido con diferentes etapas y determinado su trabajo. Sus últimas creaciones han sido producidas, además de en sus estudios, en lugares cedidos amablemente por sus amigos y galeristas: un curioso lugar pacífico situado junto a una granja y campos de cultivo (Société Inaam, Casablanca, Marruecos), bajo los techos blancos de Menorca, en un espacio diáfano cerca de El Cairo, su estudio-fábrica en Madrid... y son, sin duda, prueba de una madurez pictórica que va mucho más allá del uso del pincel, el cepillo y las manos”. ¿Por qué conmueve su arte? Quizá tenga ver su capacidad de comunicación con el espectador con su voluntad de pintar un ser en un lugar temporal, en el que se juega con lo expresionista y lo abstracto a la vez. Ignacio Burgos, en un gesto característico que hemos denominado en otras ocasiones “pausa trascendente”, logra conectar al espectador con una realidad que trasciende la imagen (construida a partir de manchas y trazos expresionistas sobre lienzo, papel o metal) de un hombre o un 24 grupo de ellos, trabajadores o paseantes, y nos muestra más bien héroes (o fracasados), seres perdidos (o encontrados) sobre fondos que podrían representar cualquier paisaje íntimo. El poder de elección de este instante único, antes y después del cual sucederán inevitablemente infinitos otros, implica de algún modo una inmensa responsabilidad. Sin embargo, más que con una huída, uno se encuentra en la contemplación de las obras de Burgos con una impresión de universalidad intemporal que mucho tiene que ver con lo que ocurre al contemplar las obras de sus grandes maestros, Goya, Velázquez, Ribera,... a los que él mismo homenajea en algunas de sus creaciones. Como afirmaba Wittgenstein, “si por eternidad se entiende, no una duración temporal infinita, sino intemporalidad, entonces vive eternamente quien vive el presente”. Como en un acto de justicia personal, las imágenes que nos propone este artista nos devuelven interpretaciones que, por así decirlo, decidimos que nos merecemos.

De algún modo, como concluye Romero, cuando Burgos afirma que su “paleta es el suelo”, está hablando de sus estudios lleno de sacos con colores, cuadros que se estropean y restos que sugieren nuevos trabajos, pero también está hablando de su inspiración a partir de escenas de la más absoluta realidad”.

¿Y qué ocurre en el espectador más real, el paseante por la sala de muestras? Antes algunas de estas imágenes de albañiles, caminantes, animales, deportistas o cocineros, uno se siente dichoso; ante otras desconsolado. Quizá tenga que ver con el tiempo que se les exige y se les da en estas composiciones, provocando una reflexión, conmoviendo. Concluye Orhan Pamuk en Me llamo Rojo “porque cuando ves esos cuadros tú también quieres verte así, quieres creer que eres una criatura completamente distinta a las demás, sin igual, particular y extraña.” Una criatura en un tiempo y en el tiempo, con todo lo que eso implica.

Rubén Fernández-Costa

Museo de Arte Moderno de Moscú

El Museo de Arte Moderno de Moscú continúa el programa del Año de España en Rusia con la exposición individual de Ignacio Burgos, uno de los artistas contemporáneos más interesantes de su país.

Su arte es identificable y particular: desde hace años, el maestro es fiel a su estilo y no se rinde a los dictados de los mercados, galerías o comisarios de arte. Su estilo puede ser definido como “expresionismo figurativo”: en sus pinturas, su exquisita paleta de azules, púrpuras y ocres entra en equilibrio con la característica luz mediterránea y una pincelada suave pero precisa.

A lo largo de su carrera, Ignacio Burgos ha viajado mucho y vivido en diferentes ciudades —desde Barcelona y Nueva York a Shangai y Casablanca. Estas migraciones han aportado una gran variedad de temas y asuntos a su obra: aquí podemos encontrar mujeres árabes y chinas, soldados del ejército egipcio, regatistas, niños en la playa y mucho más. En estos cuadros no hay nada heroico o dramático, son historias de la vida real, de cómo la gente actúa en situaciones cotidianas. Sin embargo, las obras de Ignacio Burgos contienen algo intemporal y universal, algo que se remonta a la herencia de los clásicos españoles como Goya, Velázquez o Ribera.

Ignacio Burgos es bien conocido por el público internacional: sus exposiciones se muestran en las capitales más importantes y sus obras están en museos y colecciones privadas del mundo entero.

Además de la pintura, el artista ha trabajado con fotografía y metal; también ha creado esculturas en vidrio. La exposición en el Museo de Arte Moderno de Moscú quiere familiarizar al público ruso con la obra pictórica de Ignacio Burgos, representada en su más completa diversidad.

Vasili Tsereteli
Director Ejecutivo del Museo de Arte Moderno de Moscú

Un saludo a Ignacio Burgos

Nacido en 1968, Ignacio Burgos es el autor de una obra considerable, fecunda, diversa y fascinante, de una modernidad esencial y poderosamente enraizada en la inmensa corriente espiritual de la pintura española de siempre, de Zurbarán a Goya, del Greco a Picasso.

Nobleza de la mirada frente a la amplitud del drama humano, humildad frente al abismo del Tiempo, la obra de Burgos aparece como la conjunción plástica de la energía vital y de la inmovilidad del silencio con el fulgor del sueño despierto.

Roger Bouillot
Hombre de radio y crítico de arte, último Presidente del Prix de la Critique, Roger Bouillot ha colaborado durante treinta años en la prensa artística (L’Amateur d’Art, Arts, L’OEil). Miembro del Consejo artístico de la Fundación Prince Pierre de Monaco de 1985 a 2003.
Autor de numerosos prólogos y monografías.